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Mostrando entradas con la etiqueta juegan niñas en la calle. Mostrar todas las entradas
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19/12/14


Yo soñaba con la casa. Con mi infancia frágil, triste, con mis ocho años en la escuela. Una vez mi padre me golpeó con una vara. Me azotó las manos con presteza, sin mirarme, su rostro era una sombra indefinida. Yo tendí las palmas desolladas. Porque eres mala, me dijo. Porque eres mala, y la vara se abatió sobre mi carne. En la escuela los maestros nos hacían desfilar por los pasillos. Si alguna tropezaba continuaba de rodillas, una mártir diminuta. Las demás permanecíamos de pie, rígidas, mirábamos al frente con una terquedad adquirida con los años. El oprobio de las otras no nos concernía. (...)
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27/10/14

Tenían huesos quebradizos. Se peinaban los cabellos en la noche, largamente, y luego se acostaban en el lecho, exponiendo aquella hermosa desnudez que las vestía. Yo las escuchaba algunas veces, sentada en la quietud de la colina, oía el crepitar de las palabras como insectos agitados, dolientes, heridos de algún mal impronunciable. Tenían el acento de las tierras bajas. El mismo de la madre y también el del hermano, el otro, el hijo muerto y olvidado con el tiempo. Nunca hablaban de aquel niño. De los ojos o las manos, de la risa, de cómo se colgaba de las ramas del castaño. 

(...)

1/6/14

Las llamaban las nadadoras. Emergían como la flor de entre las aguas, aquí y allá se las veía, en los lagos y en las fuentes, apenas un atisbo de sus cuerpos. Eran de una raza diferente. En la escuela se dormían, negándose al estudio y a los juegos. Se sentaban al borde del estanque y allí permanecían largas horas, mudas y adoradas, peinándose el cabello con los dedos. Yo las observaba en la distancia. Aquella lejanía de sus voces, de los cuerpos ondeantes en el agua. 

(...)

21/2/14

También yo me sorprendía. Era temerosa, siempre lo había sido, temía como comía o respiraba. El temor me alimentaba con su pecho rebosante, acunaba mi cabeza adormecida por las noches. De niña me escondía debajo de las mesas. Conversaba con el zorro entre las sombras, mi mano discurría limpiamente por su lomo. Desde allí veía el paso de las cosas, zapatos deshilados que dejaban huellas en el piso, un perro olvidado por los padres devorando algún manjar prohibido de la cena. El tiempo transcurría y yo me aletargaba, negaba mi presencia en los cuartos de la casa. Entonces una voz cortaba el aire y el zorro huía acobardado. 



22/5/13



A veces me dormía en los jardines o en las calles, a veces como el animal me encontraban en la plaza. Entonces me decían niña mala, niña sucia que pierde los zapatos. De dónde sales deslucida, de dónde vienes que te sacudes como los perros. Y yo pensaba, de dónde salgo, por qué me escapo de la casa. Por qué no dejo que me peinen los cabellos.



(notas sobre algo que está por venir)

17/5/13


Fregábamos arrodilladas los largos pasillos de la casa. Reíamos como jaurías de locos animales, como el niño que no teme pues no sabe. El cubo se volcaba y luego el duelo por la herida. El golpe en la mejilla el eres mala. Lavábamos el cuerpo de las pequeñas en el patio. A veces se reían, a veces las cosquillas llevaban al desastre. Después llegaba el ruego, no me pegues no me dañes. Después llegaba el llanto en la camita y el olor te confortaba.

7/5/13

No conozco más que el cuerpo. Por eso hablo, por eso digo las niñas son de esta o esta forma, las niñas llevan faldas para esconderse, para esconder lo que los hombres miran quieren pero no se atreven porque qué dirían si supieran. No conozco más que el cuerpo y sin embargo del mío no sé nada. De mí solo la carne y la piel que se deshace, la piel roja en la mejilla y en los codos, piel de niña que no crece que no sana. Porque yo era una manzana. En lo sano y el deseo. Yo era la manzana y vino el hombre que mordía vino y dijo yo te quiero yo me atrevo ven que te mezo entre mis brazos. Y yo que no sé nada, que solo el cuerpo de las otras dije sí y así sus brazos, así su boca fue la mía y luego sólo quedó el llanto para guardarse.

6/5/13

Sacudo temblorosa la polilla. Tu cuerpo es el hogar del mutilado, tu cuerpo es solo un cuerpo el mío el del insecto que se agita.  

Bebo. Bebo y te digo te deseo cuánto cómo de qué modo, a ti desnuda en esta cama, a ti mujer cambiante y olvidada. A ti que no lloras porque no sabes, que de niña te decían eso no se hace. A ti que ahora comes con los ojos y las manos que me dices no me toques que me imploras. 

2/5/13



Me hallabas en los recodos. A ti volvía en la mañana, a ti en las calles y en los campos. Por ti y solo por ti me hacía colas de caballo, dejaba la nuca al descubierto. A veces los zapatos, un paseo y me escondía. A veces tu voz la sacudida, qué bonita estás esta mañana, ven aquí deja que te mire creces de un día para otro. Y yo pensaba vete y sin embargo. Allí de nuevo temblorosa, ahí en tu mano enredadera que me sacia.

29/4/13

Yo era en el hogar menos que nada, una piedra, una sombra en el silencio de la casa. No lloraba. Se decían esta niña que no llora, esta niña fea que proviene de los otros, esta huérfana. Lo decían las muchachas, las chiquillas vestidas para la calle, con el negro reluciente del zapato abrillantado. Lo decían las mayores, las que se habían quedado y eran con el paso de los años parte del pasillo y las paredes, parte de la casa grande donde dormíamos las niñas temerosas. Me decían, por qué callas. Por qué cuando te hieren o hace frío no lloras como las otras. Y yo notaba el cuerpo diminuto, notaba la fuerza de la sombra que tiraba y me encogía. Por qué no lloro, preguntaba. Por qué si no soy más que la piedra que se tira al río y nunca nada, por qué si no me quiere más que el perro que dormita en la cocina algunas noches.